Gabino Fraga Peña: cuando la energía renovable desplazó a la nuclear

Por Gabino Fraga Peña. 

Hace unos cincuenta años comenzaban a vislumbrarse los primeros grandes debates sobre el calentamiento global. Todos se centraban en una misma premisa: hay que dejar de abusar de los combustibles fósiles y voltear a ver las energías renovables como una opción para dejar de contaminar.

La hipótesis se reforzó, hace unos 30, cuando en la planta nuclear de Chernóbyl se dio uno de los accidentes nucleares más trágicos de la historia. Prácticamente, una ciudad fue desplazada. Su nombre, Pripyat. Las casas, la tierra, las frutas quedaron infestados de altos niveles de radioactividad. 

Así, los científicos, ambientalistas y una buena parte de la sociedad comenzó a entender que ya no era un lujo primermundista tener grandes campos de viento que ayudaran a la generación de energía eólica. Ahora, mas bien, se trataba de una actitud de corresponsabilidad con el medio ambiente. 

Y aunque las resistencias persisten. No vayamos lejos: Donald Trump, el presidente de Estados Unidos (uno de los países que más contaminan en emisiones de CO2), ha insistido en que el calentamiento global es un “invento de los chinos”. 

Sin embargo, distintas Organizaciones No Gubernamentales  han convertido esta lucha en una especie de política pública. 

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